El Chalet Suizo, una parada imprescindible durante la vuelta al mundo con mis niños…

Mi amiga-hermana Miriam me sorprendió un día anunciándome su intención de viajar con Daniel y Diana un  domingo al mes a un país diferente. Su único equipaje es el buen ánimo y el apetito por las  experiencias gastronómicas que sus hijos están apreciando, gracias a las inquietudes de una madre que se desvive por colocarlos en el planeta con herramientas infalibles. Por fin he podido sumarme a esta aventura con Jimena y Rodrigo. Las agendas de fin de semana de los niños de padres separados y con cumpleaños múltiples y competiciones deportivas diversas, nos impedían acompañarlos en el periplo. Por fin, sin maletas ni billetes, pero con muchas ganas de queso fundido hemos aterrizado en El chalet suizo de Alcobendas, especialistas en fondue.

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Jimena competirá  en el colegio Suizo donde mi amigo Mariano regenta un pequeño rincón de los Alpes en el que la fondue y la raclette sientan casi igual de bien que en “Les Touristes” de Vervier. Ambos son restaurantes “con vistas” pero evidentemente las de  la estación de esquí me impresionaron más en su día.

Desde los bancos corridos del chalet se ven las pistas de pádel donde mi hija se crecerá con la raqueta después de una comida que nunca olvidará.

Mariano Rodríguez nos saluda recordándome cuando me recibió con la cámara de Madrid Directo hace 18 años en la Fondue de Tell. Allí, en pleno Malasaña había decidido abrir su primera embajada de la Suiza de su esposa Marlene. Ahora pesa 40 kilos más pero sigue siendo el perfecto anfitrión. El que nos sugiere lo que conviene comer y cómo.  Advertimos a los niños de que hoy se van a hacer ellos su propia comida sin entrar en la cocina.

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-Raaa-qué, mamá??

-Raclette, hijo, el nombre de una forma de comer el delicioso  queso de vaca, de Valais que, a su vez también se llama así y que se presenta en forma de rueda de seis kilos. Los granjeros suizos lo consumían en las fiestas familiares fundiéndolo en la chimenea.

-Además, raclette en francés significa rascar y así es como vais a coméroslo, nos explica Mariano, mientras comienza a hacer hueco en la mesa para ir colocando la plancha de la raclette y el caquelon, (una pequeña olla), encima de un hornillo,  que hace falta para  preparar también una fondue de carne.

-¡Cuidado que queman!…

Niños ojipláticos  presenciando el espectáculo que se avecina con un despliegue de medios y camareros, inusitado. El escenario es  la mesa de madera y sin mantel.

-Hacedme sitio, estas son las patatas cocidas sobre las que caerá el queso cuando se funda y lo “raspéis” con este cuchillo-espátula, nos indica un camarero.

-Mamá, me acercas el lomo?

El lomo es la alternativa a la panceta o al jamón con el que se acompaña en ocasiones la raclette, los niños lo quieren tomar como aperitivo.

-Un sitio, por favor, para las cebolletas, los pepinillos y la piña natural en daditos. El ácido de los encurtidos, el dulce de la piña natural, el salado del embutido, el neutro de la patata…el queso os irá pidiendo una u otra combinación, nos explica Mariano.

-Estos son los trozos de carne de ternera que tenéis que ensartar en estos pinchos, cada niño coge el suyo, las mamás también, ayudándoos del tenedor. Cuando los introduzcáis en este recipiente con aceite hirviendo, mamás, tened cuidado. Para que la carne se despegue del fondo hay que hacer un movimiento circular del pincho. Comprendido?- nos dice una camarera, ahora.

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Yo habría preferido la fondue de queso, esa mezcla de Emmental,  Gruyére y Appenzell con un toque de Kirsch u otro aguardiente, pimienta y nuez moscada que el fundador de La Fondue de Tell me enseñó a elaborar delante de la cámara hace ya muchas vidas; pero hemos convenido que va a ser demasiado queso con la Raclette. Volveremos otro día a  disfrutar del placer de sumergir trozos de pan en la fondue. Ahora toca concentrarse en la acción para no perderse nada.

Es un verdadero placer ver a Daniel, Jimena, Diana y Rodrigo, armados de pinchos y tenedores  punzando carne y metiéndola en la cazuela de hierro fundido.

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Muy disciplinados, mientras ésta se “hace” en el aceite caliente, pulen el queso que ….Mamá mamá  se quema!

-Coge el plato con la patata, Rodri, ¡mira qué rico!

-¿No quema?

-Huélelo e híncale el diente.

-¡MMMMM! Cierra los ojos y saborea.

Podría extenderme en el relato de todas las exclamaciones que hicieron los niños a propósito de la experiencia que suponía cada bocado, cada combinación de sabores, de texturas…pero solo os contaré el momentazo  postre y la posibilidad de volver a introducir, ahora, pedazos de plátano y de fresas en la fondue de chocolate negro con la que culminamos el festín. ¡Ah! No, el fin, lo anuncia la “girolle” con la que Mariano, siempre dispuesto a sorprender, nos dio a probar unas virutas de chocolate en forma de flor que me recordaron otro motivo por el que seguir admirando los quesos suizos. Con ese artilugio he vivido la incomparable experiencia sensorial que provoca el tête de moin, un milagro de la leche que se produce en el cantón de Berna.

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-Mamá, ¿cuando iremos a Suiza, a ver vacas?, preguntó Diana.

-Cualquier día, respondió Miriam satisfecha.

– Vacas y relojes y trenes y los Alpes de Heidi…, ¡el país de Guillermo Tell!, apunta Daniel levantándose y diciéndole a Jimena… y ahora tú ¡a ganar!

 

El chalet Suizo

C/Cuesta Blanca 191. Km 14 carretera Burgos. 916504258

 

La fondue de Tell

Divino Pastor, 12. 915944277

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